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Cantinflas: un legado que no muere

Una metástasis, provocada por el cáncer de pulmón, nos arrebató el 20 de abril de 1993 a una de nuestras más queridas estrellas: Mario Moreno Reyes, mejor conocido como Cantinflas.

Este jueves se cumplen 24 años de la partida del artista, a quien incluso Charles Chaplin calificó como “el mejor cómico del mundo”. Sus películas y frases son parte de la identidad del mexicano, pero ¿qué tanto conocemos sobre su vida?

Nació el 12 de agosto de 1911 en el seno de una familia humilde, fue el sexto de 15 hermanos. Durante su juventud estudió Medicina por un breve periodo de tiempo, más por complacer a su padre que por gusto propio. Sin embargo, tuvo que abandonar la escuela para trabajar y aportar dinero en su casa.

Aunque sus parientes consideraban que el negocio del espectáculo era ridículo, para él fue la primera y, como descubriría más adelante, la única forma de ganarse la vida. Por lo que comenzó a trabajar en un pequeño circo donde participaba en el show de variedades.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que se diera cuenta de que era la pasión y no la necesidad la que inspiraba sus actos. Poco a poco se abrió paso en la industria cinematográfica, pero fue cuando creó a Cantinflas que el éxito y la fama tocaron a su puerta.

Este icónico personaje estaba basado en un barrendero alcohólico que conoció cuando laboraba en el Teatro Follies. El público no tardó en encariñarse con el hombre de las mil expresiones.

Aquel hechizo que Cantinflas lanzó sobre los espectadores iba muy ligado con la imagen que proyectaba de hombre pobre e irreverente, pues era más fácil para el público conectarse con alguien que representaba la figura del mexicano promedio.

Su primera película fue No te engañes corazón (1936) y a ésta le siguieron Ahí está el detalle (1940), El gendarme desconocido (1941), Los tres mosqueteros (1943), El bolero de Raquel  (1956) y El analfabeto (1960), por mencionar algunas.

La grandeza de su talento sedujo a toda Latinoamérica e incluso tentó al imponente Hollywood. El mexicano se hizo acreedor a un Globo de Oro por su actuación en la superproducción La Vuelta al Mundo en 80 Días, en la que compartió créditos con Shirley MacLaine y Frank Sinatra.

La felicidad que reflejaba en pantalla y contagiaba a sus admiradores era sólo una ilusión, ya que su vida personal estuvo ensombrecida por la tragedia. Muchas de sus parejas se suicidaron; finalmente, en Valentina Ivanova encontró un apoyo por 32 años.

Lejos de los reflectores se mostraba silencioso y solitario. Su adicción a la nicotina era tan fuerte que fumaba hasta tres cajetillas de cigarros al día, hábito que terminó por consumirlo.

La influencia de Mario Moreno no se agotó en el cine, sino que se extendió al léxico que ocupamos a diario, pues la Real Academia de la Lengua Española agregó recientemente el verbo “cantinflear” a su catálogo. ¿Cómo te quedó el ojo, chato?

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